9 La finalidad del universo

Debido a que la religión moral debe brindar un sentido de la vida coincidente con la aparente "voluntad" del orden natural, desde la ciencia deberían encontrarse indicios de esa posibilidad. Podemos mencionar las principales posturas desde la visión religiosa (o atea) como desde la científica:

Religión-Ateísmo

a) Favorable: Existe el Dios Creador (o el orden natural) que impone su voluntad a los hombres
b) Desfavorable: No existe tal Dios Creador ni tal orden natural (ateísmo)

Ciencia experimental

a) Favorable: Existe un sentido del universo que nos impone un camino para lograr nuestra adaptación
b) Desfavorable: No existe sentido, u objetivo alguno, asociado al universo

Pierre Teilhard de Chardin propone la existencia de un principio general que regiría todo el proceso de la evolución, que involucra desde la materia inerte hasta llegar a la vida inteligente y que denomina “ley de complejidad-consciencia”. Este principio implica la formación inicial de partículas fundamentales, luego núcleos, átomos, moléculas, células, organismos, etc., hasta llegar a la vida inteligente, proceso en el cual se observa un crecimiento de la complejidad, mientras que implica a la vez un crecimiento del nivel de consciencia, o autoconsciencia, asociada a dicha vida. Al respecto escribió: “Abandonada a sí misma largo tiempo, bajo el juego prolongado de las probabilidades, la materia manifiesta la propiedad de ordenarse en agrupamientos cada vez más complejos y, al mismo tiempo, cada vez más impregnados de consciencia; este doble movimiento conjugado de enrollamiento cósmico y de interiorización (o centración) psíquica prosigue, acelerándose y avanzando todo lo lejos que es posible, una vez iniciado”.

“Esta deriva de complejidad-consciencia (que desemboca en la formación de corpúsculos cada vez más complicados) es fácilmente reconocible desde lo atómico y se afirma en lo molecular. Pero es, evidentemente, en lo viviente donde se descubre con toda su claridad, y toda su aditividad; al mismo tiempo que se transpone en una forma cómoda y simplificada: la deriva de cerebración”.

“En la perfección y la cefalización crecientes de los sistemas nerviosos, tenemos, auténticamente, según parece, un parámetro concreto y preciso que permite seguir, a través de la jungla de las formas vivientes, la variación absoluta y útil de la corpuscularidad cósmica” (Citado en “Introducción al pensamiento de Teilhard de Chardin” de Claude Tresmontant–Taurus Ediciones SA-Madrid 1966).

La ley de complejidad-consciencia es un intento de dar sentido, mediante un mismo principio, tanto a la teoría cosmológica de la gran explosión (big bang), que da origen a la materia, como a la evolución biológica siguiente y a la posterior evolución cultural. Decimos que comprendemos un aspecto de la realidad cuando podemos encontrarle un sentido definido; de ahí que, a través de este principio general, podemos atribuirle al universo un objetivo aparente.

A medida que la materia se va enfriando, luego del momento inicial del universo y posterior expansión, se establece un progresivo aumento de la complejidad. Si bien no existe una definición precisa de lo que implica la complejidad, o al menos aceptada con generalidad, podemos asociarla a la cantidad de información necesaria para describir algún ente natural, o artificial. La información viene descripta cuantitativamente en la teoría de la información.

Es importante para el hombre poder vislumbrar la existencia de un sentido objetivo del universo, tal como lo sostiene Teilhard de Chardin, Hubert Reeves, Christian de Duve y otros científicos. La ausencia de sentido permite la introducción de “sentidos subjetivos”, o del “sinsentido”, lo cual puede desviarnos de la voluntad aparente del orden natural. De la ausencia de un sentido objetivo del universo puede inferirse la ausencia de un sentido objetivo de la propia vida del hombre, lo que lleva además a la ausencia de una ética objetiva y a su reemplazo, desde el relativismo moral, por diversas éticas subjetivas.

La ley de complejidad-consciencia describe un sentido que nos impone el universo, que debemos respetar para poder orientarnos en cuanto a nuestra adaptación a sus leyes. Es como una señal asociada a un camino que nos indica cuál es la "mano derecha" y cuál la contramano. Podemos elegir tanto uno como otro sentido, con la seguridad de que los resultados serán completamente distintos. La existencia de un sentido objetivo del universo, no garantiza el éxito final de la humanidad en cuanto a sus intentos de adaptación y supervivencia, por cuanto nada garantiza que apuntemos finalmente hacia el triunfo del Bien y la Verdad sobre el odio y la mentira.

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