8 El sentido de la vida
Gran parte de los conflictos individuales y sociales, son descriptos por Víktor Frankl como los efectos o las consecuencias de la ausencia de un sentido de la vida. De ahí que la felicidad habría de lograrse luego de la posesión de una orientación adecuada. Incluso relata su propia experiencia, como prisionero en un campo de concentración nazi, viéndose favorecido aun en tales circunstancias por la posibilidad de un futuro importante. Tanto el aburrimiento como la indiferencia son síntomas que aparecen en el individuo que “tiene todo” menos un adecuado sentido de la vida. Esta carencia constituye el “vacío existencial”. Al respecto Frankl escribió: “Lo más profundo del hombre no es el deseo de poder ni el deseo de placer, sino el deseo de sentido”.
Debemos distinguir entre el sentido de la vida derivado de ser conscientes de la existencia del orden natural y el adicional sentido de la vida individual, pudiendo resumirse en el siguiente esquema:
I) Sentido de la vida impuesto por el orden natural a toda la humanidad
II) Sentido de la vida adicional adoptado para desarrollar potencialidades individuales
El desarrollo y avance de la humanidad, hacia mayores niveles de adaptación, requiere de cada uno de nosotros la adopción de una actitud cooperativa. Podemos considerar entonces al Bien y a la felicidad como la consecuencia de aceptar al sentido de la vida que nos impone el orden natural, mientras que el Mal y la infelicidad serian la consecuencia de haberlo ignorado o rechazado. Víktor Frankl escribió: “Tarde o temprano nos veremos obligados, no ya a moralizar, sino a ontologizar la moral; habrá que definir el bien y el mal, no como algo que debamos o no hacer, sino el bien como aquello que favorece la realización del sentido que se encomienda a un ente y se le exige, y el mal como aquello que impide esa realización”.
“La mera supervivencia no puede ser el valor supremo. Ser hombre significa estar orientado y ordenado a algo que no es uno mismo. La existencia humana se caracteriza por su autotrascendencia. Cuando la existencia humana no apunta más allá de sí misma, la permanencia en la vida deja de tener sentido, es imposible. Ésta fue al menos la lección que yo aprendí en los tres años que hube de pasar en Auschwitz y en Dachau, y los psiquiatras militares pudieron confirmar en el mundo entero que los prisioneros de guerra más capacitados para sobrevivir eran aquellos que se orientaban hacia el futuro, hacia una meta de futuro, hacia un sentido que debían cumplir en el futuro. ¿No puede aplicarse esto, por analogía, al tema de la supervivencia de la humanidad?”.
“Pero si la humanidad quiere encontrar un sentido que sea válido para todos, debe dar un nuevo paso. Después de haber alcanzado, hace miles de años, el monoteísmo, la fe en un solo Dios, debe llegar a creer en una sola humanidad. Hoy necesitamos más que nunca un monantropismo” (De “El hombre doliente”-Editorial Herder SA-Barcelona 1987).
El sentido de la vida que nos impone el orden natural, puede considerarse como un colectivismo en el cual resulta importante la vida de todo individuo, distinguiéndose de los colectivismos creados por los lideres totalitarios, en los cuales la vida de los individuos poco importa. Así como muchos encuentran en la militancia política totalitaria el sentido de la vida que les hacia falta, el colectivismo asociado a toda la humanidad puede ofrecer el sentido del que todavía muchos carecen.
El sentido individual de la vida está asociado al rol social que hemos elegido, o aceptado. Las metas personales definidas (ser músico, jugador de fútbol, escritor, médico, empresario, etc.) constituyen una parte importante del sentido de la vida de cada hombre.
Quienes tienen mucha necesidad de diversión son generalmente aquellos que no encontraron todavía un sentido para sus vidas. También quienes caen en el vicio, desde el alcohol a las drogas, carecen de un sentido definido. Viktor Frankl escribió: “La prueba de que en el 90% de los casos crónicos de alcoholismo agudo por ella analizados [una alumna] aparecía un acusado complejo de vacío existencial”.
“Lo mismo cabe decir, en términos análogos, de la esclavitud de las drogas. De creer a Stanley Krippner, en los drogadictos aparece el complejo de vacuidad en el 100% de los casos. Al preguntárseles si para ellos todo había dejado de tener sentido, la respuesta fue afirmativa, sin una sola excepción [en los casos estudiados]” (De “Ante el vacío existencial”-Editorial Herder SA-Barcelona 1986).
Es oportuno decir que, siguiendo un razonamiento como el hasta aquí expuesto, se puede vislumbrar la posibilidad de encontrar un sentido de la vida objetivo, llegándose a resultados similares al obtenido mediante la fe, asociada a la religión tradicional. La utilización del razonamiento, vinculado a la religión natural y a la ciencia experimental, brinda una alternativa para quienes todavía no encontraron un sentido para sus vidas.
Debemos distinguir entre el sentido de la vida derivado de ser conscientes de la existencia del orden natural y el adicional sentido de la vida individual, pudiendo resumirse en el siguiente esquema:
I) Sentido de la vida impuesto por el orden natural a toda la humanidad
II) Sentido de la vida adicional adoptado para desarrollar potencialidades individuales
El desarrollo y avance de la humanidad, hacia mayores niveles de adaptación, requiere de cada uno de nosotros la adopción de una actitud cooperativa. Podemos considerar entonces al Bien y a la felicidad como la consecuencia de aceptar al sentido de la vida que nos impone el orden natural, mientras que el Mal y la infelicidad serian la consecuencia de haberlo ignorado o rechazado. Víktor Frankl escribió: “Tarde o temprano nos veremos obligados, no ya a moralizar, sino a ontologizar la moral; habrá que definir el bien y el mal, no como algo que debamos o no hacer, sino el bien como aquello que favorece la realización del sentido que se encomienda a un ente y se le exige, y el mal como aquello que impide esa realización”.
“La mera supervivencia no puede ser el valor supremo. Ser hombre significa estar orientado y ordenado a algo que no es uno mismo. La existencia humana se caracteriza por su autotrascendencia. Cuando la existencia humana no apunta más allá de sí misma, la permanencia en la vida deja de tener sentido, es imposible. Ésta fue al menos la lección que yo aprendí en los tres años que hube de pasar en Auschwitz y en Dachau, y los psiquiatras militares pudieron confirmar en el mundo entero que los prisioneros de guerra más capacitados para sobrevivir eran aquellos que se orientaban hacia el futuro, hacia una meta de futuro, hacia un sentido que debían cumplir en el futuro. ¿No puede aplicarse esto, por analogía, al tema de la supervivencia de la humanidad?”.
“Pero si la humanidad quiere encontrar un sentido que sea válido para todos, debe dar un nuevo paso. Después de haber alcanzado, hace miles de años, el monoteísmo, la fe en un solo Dios, debe llegar a creer en una sola humanidad. Hoy necesitamos más que nunca un monantropismo” (De “El hombre doliente”-Editorial Herder SA-Barcelona 1987).
El sentido de la vida que nos impone el orden natural, puede considerarse como un colectivismo en el cual resulta importante la vida de todo individuo, distinguiéndose de los colectivismos creados por los lideres totalitarios, en los cuales la vida de los individuos poco importa. Así como muchos encuentran en la militancia política totalitaria el sentido de la vida que les hacia falta, el colectivismo asociado a toda la humanidad puede ofrecer el sentido del que todavía muchos carecen.
El sentido individual de la vida está asociado al rol social que hemos elegido, o aceptado. Las metas personales definidas (ser músico, jugador de fútbol, escritor, médico, empresario, etc.) constituyen una parte importante del sentido de la vida de cada hombre.
Quienes tienen mucha necesidad de diversión son generalmente aquellos que no encontraron todavía un sentido para sus vidas. También quienes caen en el vicio, desde el alcohol a las drogas, carecen de un sentido definido. Viktor Frankl escribió: “La prueba de que en el 90% de los casos crónicos de alcoholismo agudo por ella analizados [una alumna] aparecía un acusado complejo de vacío existencial”.
“Lo mismo cabe decir, en términos análogos, de la esclavitud de las drogas. De creer a Stanley Krippner, en los drogadictos aparece el complejo de vacuidad en el 100% de los casos. Al preguntárseles si para ellos todo había dejado de tener sentido, la respuesta fue afirmativa, sin una sola excepción [en los casos estudiados]” (De “Ante el vacío existencial”-Editorial Herder SA-Barcelona 1986).
Es oportuno decir que, siguiendo un razonamiento como el hasta aquí expuesto, se puede vislumbrar la posibilidad de encontrar un sentido de la vida objetivo, llegándose a resultados similares al obtenido mediante la fe, asociada a la religión tradicional. La utilización del razonamiento, vinculado a la religión natural y a la ciencia experimental, brinda una alternativa para quienes todavía no encontraron un sentido para sus vidas.
Véase también: https://pompiliozigrino.blogspot.com/2021/09/el-fundamento-definitivo-de-las.html
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