4 Ley natural y orden natural
La visión del universo que nos brinda la ciencia experimental, es la de un conjunto de materia, energía e información en el que todo lo existente está regido por alguna ley natural; pudiendo definirse la ley natural como el vínculo permanente entre causas y efectos. Además, tal visión nos sugiere que esas leyes son invariantes en el espacio y en el tiempo.
Muchas veces esta invariabilidad parece contradecir el cambio y la evolución existente en los procesos naturales. En este caso podemos hacer una analogía con el ajedrez, constituido por unas pocas reglas invariantes que permiten desarrollar una inmensa cantidad de partidas distintas. Así ocurre con la formación del universo, en el cual unas pocas leyes asociadas a las partículas elementales, permiten la conformación posterior de núcleos, átomos, moléculas, células, organismos, hasta llegar a la vida inteligente.
A partir de la existencia de leyes se puede hablar de cierto orden. Si existen leyes naturales que rigen todo lo existente, podemos hablar también de un orden natural. La vida de cada uno de nosotros como la supervivencia de toda la humanidad, están signadas por la imposición del orden natural que nos obliga a adaptarnos a sus reglas. Ya sea que dichas leyes y dicho orden nos gusten, o no, la mejor decisión que podemos adoptar es la de describir esas leyes de la mejor manera posible para ser aptos ante lo que ellas nos imponen.
Mientras que existe un proceso de adaptación biológica de los seres vivientes, a los seres humanos se nos exige una adaptación adicional: la adaptación cultural. Julian Huxley escribió: “Es como si el hombre hubiese sido designado, de repente, director general de la más grande de todas las empresas, la empresa de la evolución, y designado sin preguntarle si necesitaba ese puesto, y sin aviso ni preparación de ninguna clase. Más aún: no puede rechazar ese puesto. Precíselo o no, conozca o no lo que está haciendo, el hecho es que está determinando la futura orientación de la evolución en este mundo. Este es su destino, al que no puede escapar, y cuanto más pronto se dé cuenta de ello y empiece a creer en ello, mejor para todos los interesados” (De “Nuevos odres para el vino nuevo”-Editorial Hermes-Buenos Aires 1959).
Desde la religión se simboliza la finalidad implícita en el orden natural como la voluntad de un Dios creador con atributos humanos. Si ese Dios tiene también una actitud característica, ha de responder de igual manera en iguales circunstancias, es decir, estará regido por la misma ley que ha impuesto a los seres humanos. De ahí que sea posible admitir cierta coincidencia entre la religión natural, en la cual no existen interrupciones de la ley natural (milagros) y la religión revelada, con un Dios que interviene en los acontecimientos humanos. Al estar supuestamente regido por dicha ley, no se distingue fácilmente una visión de la otra, al menos respecto de la actitud ética que debemos adoptar.
Quienes rechazan el deísmo, o religión natural, deben tener presente que la religión es una cuestión ética, y no filosófica. Si alguien pretende que todos los habitantes del planeta tengamos una misma postura filosófica, en cierta forma promueve la continuidad de los conflictos existentes entre religiones. Es oportuno decir que la ética natural expuesta hasta aquí resulta independiente de las distintas creencias religiosas y de las distintas posturas filosóficas.
Muchas veces esta invariabilidad parece contradecir el cambio y la evolución existente en los procesos naturales. En este caso podemos hacer una analogía con el ajedrez, constituido por unas pocas reglas invariantes que permiten desarrollar una inmensa cantidad de partidas distintas. Así ocurre con la formación del universo, en el cual unas pocas leyes asociadas a las partículas elementales, permiten la conformación posterior de núcleos, átomos, moléculas, células, organismos, hasta llegar a la vida inteligente.
A partir de la existencia de leyes se puede hablar de cierto orden. Si existen leyes naturales que rigen todo lo existente, podemos hablar también de un orden natural. La vida de cada uno de nosotros como la supervivencia de toda la humanidad, están signadas por la imposición del orden natural que nos obliga a adaptarnos a sus reglas. Ya sea que dichas leyes y dicho orden nos gusten, o no, la mejor decisión que podemos adoptar es la de describir esas leyes de la mejor manera posible para ser aptos ante lo que ellas nos imponen.
Mientras que existe un proceso de adaptación biológica de los seres vivientes, a los seres humanos se nos exige una adaptación adicional: la adaptación cultural. Julian Huxley escribió: “Es como si el hombre hubiese sido designado, de repente, director general de la más grande de todas las empresas, la empresa de la evolución, y designado sin preguntarle si necesitaba ese puesto, y sin aviso ni preparación de ninguna clase. Más aún: no puede rechazar ese puesto. Precíselo o no, conozca o no lo que está haciendo, el hecho es que está determinando la futura orientación de la evolución en este mundo. Este es su destino, al que no puede escapar, y cuanto más pronto se dé cuenta de ello y empiece a creer en ello, mejor para todos los interesados” (De “Nuevos odres para el vino nuevo”-Editorial Hermes-Buenos Aires 1959).
Desde la religión se simboliza la finalidad implícita en el orden natural como la voluntad de un Dios creador con atributos humanos. Si ese Dios tiene también una actitud característica, ha de responder de igual manera en iguales circunstancias, es decir, estará regido por la misma ley que ha impuesto a los seres humanos. De ahí que sea posible admitir cierta coincidencia entre la religión natural, en la cual no existen interrupciones de la ley natural (milagros) y la religión revelada, con un Dios que interviene en los acontecimientos humanos. Al estar supuestamente regido por dicha ley, no se distingue fácilmente una visión de la otra, al menos respecto de la actitud ética que debemos adoptar.
Quienes rechazan el deísmo, o religión natural, deben tener presente que la religión es una cuestión ética, y no filosófica. Si alguien pretende que todos los habitantes del planeta tengamos una misma postura filosófica, en cierta forma promueve la continuidad de los conflictos existentes entre religiones. Es oportuno decir que la ética natural expuesta hasta aquí resulta independiente de las distintas creencias religiosas y de las distintas posturas filosóficas.
Véase también https://pompiliozigrino.blogspot.com/2020/11/motivaciones.html
ResponderBorrarVéase también https://pompiliozigrino.blogspot.com/2021/05/extravios-filosoficos.html
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