26 Maquiavelismo y poder
Durante el predominio cristiano en Occidente, la mayor parte de la población aceptaba la ética de los Evangelios; muchos eran los que trataban de cumplirla, pero otros fingían hacerlo. Esta última es la actitud hipócrita, por la cual se reconoce la validez de una ética pero sólo se finge su cumplimiento. Con el tiempo, surge un sector que no valora tal ética ni tampoco finge cumplirla, incluso abiertamente se propone contradecirla, siendo ésta la actitud cínica.
Maquiavelo fue un teórico de la política que sintetiza la postura cínica al separar la ética de la política, aunque no fue el creador del "maquiavelismo", por cuanto el cinismo no fue un invento suyo. Alberto Moravia escribió: "La polémica sobre los fines y los medios se viene prolongando desde hace ya más de cuatro siglos, desde cuando Machiavelli, en su destierro, escribió El Príncipe para incitar al duque Valentino a no preocuparse por los medios con tal de lograr el fin de reunir a toda Italia bajo su cetro".
"Machiavelli escribía en Florencia, que sólo era una pequeña república de la Italia del Renacimiento, y prestaba atención sobre todo a Italia, que sólo era una parte del mundo de entonces; pero sus observaciones y sus teorías son valederas por encima de su época y en mundos infinítamente más vastos y complejos que el suyo. Por lo demás, como todos los descubridores, Machiavelli, más que descubrir, lo que hizo fue dar un nombre a algo que existía desde siempre; o, mejor dicho, definió tan perfectamente ese algo y recabó de tal definición consecuencias tan exactas y tan rigurosas que espontáneamente ese algo fue llamado, después de él, maquiavelismo".
"Es significativo el hecho de que el bautismo haya tenido lugar no antes de los tiempos de Machiavelli, o sea no antes de que la supremacía espiritual y política de la Iglesia fuese desalojada por las monarquías europeas y de que la política quedara efectiva y prácticamente separada de la moral cristiana. Lo cual significa que, si bien el maquiavelismo ha existido siempre, sólo en los tiempos de Machiavelli se verificaron las condiciones que permitieron recabar en él toda una teoría de praxis política" (De "El hombre como fin"-Editorial Losada SA-Buenos Aires 1967).
Puede decirse que la política normal, que contempla la ética elemental, se reduce a la administración pública, o del Estado, con la finalidad de favorecer a todos los sectores de la sociedad. Por el contrario, una política maquiavélica se centra en la lucha por el poder asociada a ambiciones personales o sectoriales, ignorando los derechos de la sociedad y las obligaciones hacia ella. Llama un tanto la atención que, dentro del ámbito de la ciencia política, pareciera que sólo tiene importancia la política maquiavélica, describiendo "lo que es" e ignorando "lo que debe ser".
En cuanto al maquiavelismo en la sociedad, puede mencionarse el resultado de algunas encuestas realizadas en dos lugares de la Argentina. En una de ellas se le pregunta al encuestado si tendría inconvenientes en ser mantenido por el Estado, es decir, mediante el trabajo ajeno, y más de la mitad contestó afirmativamente. En otra ocasión, se le preguntó a estudiantes universitarios si cometerían actos de corrupción, contra el Estado, si estuvieran en una circunstancia favorable para hacerlo, y también más de la mitad contestó afirmativamente. De esto surge el interrogante acerca de si los políticos son los corruptores de la sociedad o bien si la sociedad no tiene otra posibilidad que elevar al poder, elecciones mediante, a individuos con su propia bajeza moral.
Respecto del maquiavelismo social, o cinismo generalizado, el citado autor agrega: "El maquiavelismo, que en tiempos de Machiavelli casi era tan sólo una cuestión privada de príncipes y gobernantes, ha dado después pasos de gigante. Se ha infiltrado en todas partes, por dos vías: por un lado, no ya una sola, sino todas las actividades humanas se han transformado en otras tantas técnicas; por otro lado, la política ha llegado a ser prominente y su supremacía ha hecho que todo el mundo humano se transformara en un mundo político".
Debido a que la ética cristiana es una ética de la empatía emocional y la cooperación social, se la puede considerar como una ética natural, que existía previamente al surgimiento del cristianismo, si bien no se la promovió adecuadamente hasta la aparición de los Evangelios. De ahí que no se la debiera "atacar" cuando en realidad se desea atacar a la religión o al cristianismo.
El maquiavelismo es una postura que renuncia a una adaptación a la ética natural para orientarse hacia una "ética" egoísta cuya finalidad es el poder personal. Tal tipo de poder implica la búsqueda de un gobierno mental y material del hombre sobre el hombre, negado tanto por el cristianismo como por el liberalismo.
Maquiavelo fue un teórico de la política que sintetiza la postura cínica al separar la ética de la política, aunque no fue el creador del "maquiavelismo", por cuanto el cinismo no fue un invento suyo. Alberto Moravia escribió: "La polémica sobre los fines y los medios se viene prolongando desde hace ya más de cuatro siglos, desde cuando Machiavelli, en su destierro, escribió El Príncipe para incitar al duque Valentino a no preocuparse por los medios con tal de lograr el fin de reunir a toda Italia bajo su cetro".
"Machiavelli escribía en Florencia, que sólo era una pequeña república de la Italia del Renacimiento, y prestaba atención sobre todo a Italia, que sólo era una parte del mundo de entonces; pero sus observaciones y sus teorías son valederas por encima de su época y en mundos infinítamente más vastos y complejos que el suyo. Por lo demás, como todos los descubridores, Machiavelli, más que descubrir, lo que hizo fue dar un nombre a algo que existía desde siempre; o, mejor dicho, definió tan perfectamente ese algo y recabó de tal definición consecuencias tan exactas y tan rigurosas que espontáneamente ese algo fue llamado, después de él, maquiavelismo".
"Es significativo el hecho de que el bautismo haya tenido lugar no antes de los tiempos de Machiavelli, o sea no antes de que la supremacía espiritual y política de la Iglesia fuese desalojada por las monarquías europeas y de que la política quedara efectiva y prácticamente separada de la moral cristiana. Lo cual significa que, si bien el maquiavelismo ha existido siempre, sólo en los tiempos de Machiavelli se verificaron las condiciones que permitieron recabar en él toda una teoría de praxis política" (De "El hombre como fin"-Editorial Losada SA-Buenos Aires 1967).
Puede decirse que la política normal, que contempla la ética elemental, se reduce a la administración pública, o del Estado, con la finalidad de favorecer a todos los sectores de la sociedad. Por el contrario, una política maquiavélica se centra en la lucha por el poder asociada a ambiciones personales o sectoriales, ignorando los derechos de la sociedad y las obligaciones hacia ella. Llama un tanto la atención que, dentro del ámbito de la ciencia política, pareciera que sólo tiene importancia la política maquiavélica, describiendo "lo que es" e ignorando "lo que debe ser".
En cuanto al maquiavelismo en la sociedad, puede mencionarse el resultado de algunas encuestas realizadas en dos lugares de la Argentina. En una de ellas se le pregunta al encuestado si tendría inconvenientes en ser mantenido por el Estado, es decir, mediante el trabajo ajeno, y más de la mitad contestó afirmativamente. En otra ocasión, se le preguntó a estudiantes universitarios si cometerían actos de corrupción, contra el Estado, si estuvieran en una circunstancia favorable para hacerlo, y también más de la mitad contestó afirmativamente. De esto surge el interrogante acerca de si los políticos son los corruptores de la sociedad o bien si la sociedad no tiene otra posibilidad que elevar al poder, elecciones mediante, a individuos con su propia bajeza moral.
Respecto del maquiavelismo social, o cinismo generalizado, el citado autor agrega: "El maquiavelismo, que en tiempos de Machiavelli casi era tan sólo una cuestión privada de príncipes y gobernantes, ha dado después pasos de gigante. Se ha infiltrado en todas partes, por dos vías: por un lado, no ya una sola, sino todas las actividades humanas se han transformado en otras tantas técnicas; por otro lado, la política ha llegado a ser prominente y su supremacía ha hecho que todo el mundo humano se transformara en un mundo político".
Debido a que la ética cristiana es una ética de la empatía emocional y la cooperación social, se la puede considerar como una ética natural, que existía previamente al surgimiento del cristianismo, si bien no se la promovió adecuadamente hasta la aparición de los Evangelios. De ahí que no se la debiera "atacar" cuando en realidad se desea atacar a la religión o al cristianismo.
El maquiavelismo es una postura que renuncia a una adaptación a la ética natural para orientarse hacia una "ética" egoísta cuya finalidad es el poder personal. Tal tipo de poder implica la búsqueda de un gobierno mental y material del hombre sobre el hombre, negado tanto por el cristianismo como por el liberalismo.
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