20 La religión universal, eterna y evidente
Si tenemos en cuenta la definición de religión como “unión de los adeptos”, toda religión debería ser universal (de igual validez para todo ser humano), eterna (mantiene su validez en el tiempo) y evidente (accesible a la observación y al razonamiento). De ahí que las religiones vigentes no reúnen tales condiciones, ni tampoco intentan cumplirlas. Por el contrario, tratan de difundirlas o imponerlas tal como están. Denis Diderot escribió: “Una religión verdadera, que interesara a todos los hombres en todos los tiempos y lugares, ha debido ser eterna, universal y evidente; ninguna ha reunido estos tres caracteres. Todas son pues tres veces falsas” (Citado en “Del iluminismo a nuestros días” de Francisco Leocata-Ediciones Don Bosco-Buenos Aires 1979).
Por otra parte, puede advertirse que los resultados de la ciencia experimental (una vez verificados mediante contrastación con la realidad) tienen validez para todo habitante del planeta, tal validez no varía en el tiempo y resultan evidentes, es decir, si han podido verificarse, son evidentes, aunque generalmente en forma indirecta. Así, una teoría acertada, lo seguirá siendo por siempre, aunque algún día pueda ser reemplazada por otra mejor. Todo esto se debe a que las leyes naturales, descriptas por la ciencia, son universales, eternas y evidentes.
En cuanto a la evidencia de tales leyes, puede decirse que requieren cierto trabajo imaginativo, ya que no vienen escritas en ninguna parte. Si observamos la caída a tierra de una piedra, debemos hacer un esfuerzo imaginativo para encontrar la ley respectiva. Podemos observar que la piedra cae en forma acelerada debido a la acción permanente de la fuerza gravitacional, que se agrega a la velocidad que mantiene la piedra debido a la inercia. Luego, la ley del movimiento resulta ser:
Fuerza gravitacional = Masa de la piedra x Aceleración gravitacional
Esta es la “evidencia” que puede asociarse a las leyes naturales, que dista un tanto de ser una fotografía o un video. También en el caso de las ciencias sociales es posible, en principio, encontrar leyes similares, que por lo general tienen la forma:
Respuesta característica = Respuesta / Estímulo = Efecto / Causa
Si un sistema descriptivo no es universal, ya que tiene una validez limitada a un sector de la población, se sospecha que no está vinculado a la ley natural. Si desconoce la ley natural, quedará fuera del ámbito de la ciencia experimental. Además, por ser las leyes naturales las mismas leyes que utilizó el ente Creador para hacer el mundo (en la visión de la religión tradicional), también quedará fuera del ámbito de la religión. Como la filosofía no tiene sentido si ignora las leyes que rigen todo lo existente, tampoco tal sistema descriptivo tendrá validez filosófica.
Por ser las leyes naturales invariantes en el tiempo (lo que varían son las descripciones que de ellas hacemos), todo sistema descriptivo que las contemple, ha de tener una validez eterna. Las religiones vigentes, establecidas alrededor de dos mil años atrás, tienen la misma validez que en la época de su realización, es decir, tanto en sus aciertos como en sus errores, difieren de la realidad de la misma forma que antes.
Finalmente, toda religión debe ser evidente, al menos en el sentido antes indicado. Como toda religión propone mandamientos, o predisposiciones personales dominantes, admite ciertas evidencias en cuanto a los efectos que tales mandamientos o predisposiciones generan en cada individuo. Esto tiene validez en el caso en que contemplemos todo aquello que resulta accesible a nuestras decisiones, como lo es el acatamiento, o no, a tales mandamientos o predisposiciones. Gabriel Marcel escribió: “En los estoicos, en particular en Epicteto, la distinción entre lo que depende y no depende de nosotros será utilizada para liberarnos de la inquietud. El postulado de la moral de los estoicos consistirá a fin de cuentas en establecer en principio que si quiero comportarme no como un animal o un niño sino como un ser racional y adulto, deberé obligarme a considerar como indiferente lo que no está en mi poder cambiar”.
“Podría decirse que realizo así una verdadera economía de fuerzas, puesto que dejo de agotarme estérilmente en recriminaciones contra el destino o, lo que es más funesto aun, en vanas tentativas para transformar en el sentido de mis deseos lo que en realidad deriva de un orden inmutable sobre el cual no tengo ningún poder” (De “El hombre problemático”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1956).
Como ejemplo de quienes ignoraron esta sugerencia, pueden mencionarse los múltiples conflictos entre las diversas ramas del cristianismo (se dejan de lado, por ahora, los conflictos con otras religiones). En lugar de discutir acerca del significado del amor al prójimo y de su cumplimiento efectivo (lo que resulta accesible a nuestras decisiones), se entablaron discusiones acerca de las posibles decisiones de Dios; mientras unos afirmaban que Dios decidía quién se salvaría del infierno, y quién no, otros sugerían que salvaría a quienes “creyeran en él”, etc.
En religión aparece un conflicto similar al existente entre socialismo y liberalismo; mientras los socialistas aducen que el hombre es malo por naturaleza y que, por ello, es imprescindible el gobierno absoluto del Estado (socialismo real), los liberales aducen que el hombre siempre puede mejorar y que un marco de libertad favorece el desarrollo de sus potencialidades. En el caso de la religión encontramos teólogos “estatistas” aduciendo que la salvación (del infierno) se debe principalmente a la decisión (o gracia) de Dios, mientras algunos “herejes” sostienen que la salvación depende estrictamente de las acciones y decisiones humanas. Al respecto, Morris Bishop escribió: “Hacia el año 400, Pelagio, un monje irlandés (o escocés), se atrevió a contradecir a San Pablo, y afirmó que el hombre ha sido creado bueno por Dios, y que puede permanecer siendo bueno por sus propios esfuerzos. Es libre para cumplir los mandamientos de Dios o para rechazarlos, es responsable de su salvación o de su condenación. Implícitamente, pues, la gracia de Dios se convierte meramente en una ayuda, no en una necesidad”.
“Agustín lanzóse a combatir violentamente contra Pelagio e, interpretando a San Pablo, sostuvo que el hombre es hereditariamente perverso y está perdido. Sólo la gracia de Dios puede salvarle, y la tal gracia, medida por los inescrutables designios de Dios, no se concede a todos los hombres. Por ende, el hombre está predestinado a la condenación, a menos que Dios se digne salvarle por otra especie de predestinación”.
“La Iglesia falló que tenía razón Agustín y que Pelagio estaba en el error, y declaró hereje a Pelagio y se le confiscaron sus bienes; en cambio, Agustín se convirtió en santo” (De “Pascal”-Editorial Hermes-México 1958).
Si Dios hizo las leyes naturales (o bien si existen desde siempre) y no interviene en los acontecimientos humanos, las cosas se simplifican enormemente hasta llegar a una “religión moral”, que resulta compatible con la ciencia experimental, constituyendo esta vez una religión natural (universal, eterna y evidente).
Mientras que en el ámbito de la política y de la economía existen dos posiciones extremas (socialismo y liberalismo) y una intermedia (socialdemocracia), y una gran variedad de alternativas que se aproximan a algunas de ellas, en el cristianismo pueden identificarse actitudes análogas. La analogía consiste en que, en el caso de la política y la economía, la referencia es el Estado; en el otro la referencia es Dios, pudiendo hacerse una síntesis esquemática de las principales interpretaciones del cristianismo bajo el criterio mencionado:
a- Protestantismo: Dios determina quiénes acceden a la vida eterna y quiénes no, en una especie de predestinación algo similar a la propuesta por el Islam. Entre sus figuras representativas encontramos a San Agustín, Lutero y Calvino.
b- Catolicismo: la salvación depende tanto de la gracia de Dios como también de las conductas individuales (Santo Tomás)
c- Religión natural: orientada principalmente a las decisiones y conductas individuales, apunta hacia la felicidad en este mundo y a la vida eterna (en caso de que exista). (Pelagio, deístas y demás “herejes”).
Continuando con la analogía, puede establecerse la siguiente síntesis, que tiene sólo validez ilustrativa. En este caso se mencionan quiénes adoptan, o deberían adoptar, las decisiones respecto del destino de cada ser humano:
Protestantismo (Decisiones de Dios) = Socialismo (Decisiones del Estado)
Catolicismo (Decisiones de Dios y del hombre)= Socialdemocracia (Decisiones del Estado y del individuo)
Religión natural (Decisiones del hombre) = Liberalismo (Decisiones del individuo)
Por otra parte, puede advertirse que los resultados de la ciencia experimental (una vez verificados mediante contrastación con la realidad) tienen validez para todo habitante del planeta, tal validez no varía en el tiempo y resultan evidentes, es decir, si han podido verificarse, son evidentes, aunque generalmente en forma indirecta. Así, una teoría acertada, lo seguirá siendo por siempre, aunque algún día pueda ser reemplazada por otra mejor. Todo esto se debe a que las leyes naturales, descriptas por la ciencia, son universales, eternas y evidentes.
En cuanto a la evidencia de tales leyes, puede decirse que requieren cierto trabajo imaginativo, ya que no vienen escritas en ninguna parte. Si observamos la caída a tierra de una piedra, debemos hacer un esfuerzo imaginativo para encontrar la ley respectiva. Podemos observar que la piedra cae en forma acelerada debido a la acción permanente de la fuerza gravitacional, que se agrega a la velocidad que mantiene la piedra debido a la inercia. Luego, la ley del movimiento resulta ser:
Fuerza gravitacional = Masa de la piedra x Aceleración gravitacional
Esta es la “evidencia” que puede asociarse a las leyes naturales, que dista un tanto de ser una fotografía o un video. También en el caso de las ciencias sociales es posible, en principio, encontrar leyes similares, que por lo general tienen la forma:
Respuesta característica = Respuesta / Estímulo = Efecto / Causa
Si un sistema descriptivo no es universal, ya que tiene una validez limitada a un sector de la población, se sospecha que no está vinculado a la ley natural. Si desconoce la ley natural, quedará fuera del ámbito de la ciencia experimental. Además, por ser las leyes naturales las mismas leyes que utilizó el ente Creador para hacer el mundo (en la visión de la religión tradicional), también quedará fuera del ámbito de la religión. Como la filosofía no tiene sentido si ignora las leyes que rigen todo lo existente, tampoco tal sistema descriptivo tendrá validez filosófica.
Por ser las leyes naturales invariantes en el tiempo (lo que varían son las descripciones que de ellas hacemos), todo sistema descriptivo que las contemple, ha de tener una validez eterna. Las religiones vigentes, establecidas alrededor de dos mil años atrás, tienen la misma validez que en la época de su realización, es decir, tanto en sus aciertos como en sus errores, difieren de la realidad de la misma forma que antes.
Finalmente, toda religión debe ser evidente, al menos en el sentido antes indicado. Como toda religión propone mandamientos, o predisposiciones personales dominantes, admite ciertas evidencias en cuanto a los efectos que tales mandamientos o predisposiciones generan en cada individuo. Esto tiene validez en el caso en que contemplemos todo aquello que resulta accesible a nuestras decisiones, como lo es el acatamiento, o no, a tales mandamientos o predisposiciones. Gabriel Marcel escribió: “En los estoicos, en particular en Epicteto, la distinción entre lo que depende y no depende de nosotros será utilizada para liberarnos de la inquietud. El postulado de la moral de los estoicos consistirá a fin de cuentas en establecer en principio que si quiero comportarme no como un animal o un niño sino como un ser racional y adulto, deberé obligarme a considerar como indiferente lo que no está en mi poder cambiar”.
“Podría decirse que realizo así una verdadera economía de fuerzas, puesto que dejo de agotarme estérilmente en recriminaciones contra el destino o, lo que es más funesto aun, en vanas tentativas para transformar en el sentido de mis deseos lo que en realidad deriva de un orden inmutable sobre el cual no tengo ningún poder” (De “El hombre problemático”-Editorial Sudamericana SA-Buenos Aires 1956).
Como ejemplo de quienes ignoraron esta sugerencia, pueden mencionarse los múltiples conflictos entre las diversas ramas del cristianismo (se dejan de lado, por ahora, los conflictos con otras religiones). En lugar de discutir acerca del significado del amor al prójimo y de su cumplimiento efectivo (lo que resulta accesible a nuestras decisiones), se entablaron discusiones acerca de las posibles decisiones de Dios; mientras unos afirmaban que Dios decidía quién se salvaría del infierno, y quién no, otros sugerían que salvaría a quienes “creyeran en él”, etc.
En religión aparece un conflicto similar al existente entre socialismo y liberalismo; mientras los socialistas aducen que el hombre es malo por naturaleza y que, por ello, es imprescindible el gobierno absoluto del Estado (socialismo real), los liberales aducen que el hombre siempre puede mejorar y que un marco de libertad favorece el desarrollo de sus potencialidades. En el caso de la religión encontramos teólogos “estatistas” aduciendo que la salvación (del infierno) se debe principalmente a la decisión (o gracia) de Dios, mientras algunos “herejes” sostienen que la salvación depende estrictamente de las acciones y decisiones humanas. Al respecto, Morris Bishop escribió: “Hacia el año 400, Pelagio, un monje irlandés (o escocés), se atrevió a contradecir a San Pablo, y afirmó que el hombre ha sido creado bueno por Dios, y que puede permanecer siendo bueno por sus propios esfuerzos. Es libre para cumplir los mandamientos de Dios o para rechazarlos, es responsable de su salvación o de su condenación. Implícitamente, pues, la gracia de Dios se convierte meramente en una ayuda, no en una necesidad”.
“Agustín lanzóse a combatir violentamente contra Pelagio e, interpretando a San Pablo, sostuvo que el hombre es hereditariamente perverso y está perdido. Sólo la gracia de Dios puede salvarle, y la tal gracia, medida por los inescrutables designios de Dios, no se concede a todos los hombres. Por ende, el hombre está predestinado a la condenación, a menos que Dios se digne salvarle por otra especie de predestinación”.
“La Iglesia falló que tenía razón Agustín y que Pelagio estaba en el error, y declaró hereje a Pelagio y se le confiscaron sus bienes; en cambio, Agustín se convirtió en santo” (De “Pascal”-Editorial Hermes-México 1958).
Si Dios hizo las leyes naturales (o bien si existen desde siempre) y no interviene en los acontecimientos humanos, las cosas se simplifican enormemente hasta llegar a una “religión moral”, que resulta compatible con la ciencia experimental, constituyendo esta vez una religión natural (universal, eterna y evidente).
Mientras que en el ámbito de la política y de la economía existen dos posiciones extremas (socialismo y liberalismo) y una intermedia (socialdemocracia), y una gran variedad de alternativas que se aproximan a algunas de ellas, en el cristianismo pueden identificarse actitudes análogas. La analogía consiste en que, en el caso de la política y la economía, la referencia es el Estado; en el otro la referencia es Dios, pudiendo hacerse una síntesis esquemática de las principales interpretaciones del cristianismo bajo el criterio mencionado:
a- Protestantismo: Dios determina quiénes acceden a la vida eterna y quiénes no, en una especie de predestinación algo similar a la propuesta por el Islam. Entre sus figuras representativas encontramos a San Agustín, Lutero y Calvino.
b- Catolicismo: la salvación depende tanto de la gracia de Dios como también de las conductas individuales (Santo Tomás)
c- Religión natural: orientada principalmente a las decisiones y conductas individuales, apunta hacia la felicidad en este mundo y a la vida eterna (en caso de que exista). (Pelagio, deístas y demás “herejes”).
Continuando con la analogía, puede establecerse la siguiente síntesis, que tiene sólo validez ilustrativa. En este caso se mencionan quiénes adoptan, o deberían adoptar, las decisiones respecto del destino de cada ser humano:
Protestantismo (Decisiones de Dios) = Socialismo (Decisiones del Estado)
Catolicismo (Decisiones de Dios y del hombre)= Socialdemocracia (Decisiones del Estado y del individuo)
Religión natural (Decisiones del hombre) = Liberalismo (Decisiones del individuo)
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