13 El sentido de la vida definido y sus efectos

Las vidas que dejan huella en la historia, para bien o para mal, son las de quienes le encuentran un sentido definido que los impulsa hacia metas concretas y trascendentes. Tales sentidos están materializados mediante ideas o creencias que surgen con diversos grados de dificultad. Esto contrasta con la indefinida ambición de lograr metas que caracteriza la vida de la mayoría de los mortales. A. Eymieu escribió: "La idea fija es la «atención permanente». Atrae y concentra en sí todas las energías intelectuales y, con la progresiva desaparición de las demás ideas, llena por sí sola el campo mental y ejerce así en él, sin contradicción, una soberanía absoluta y tiránica".

Las ideas dominantes pueden producir tanto buenos como malos resultados, ya que dependen de la actitud emocional de quienes las generan. A. Pitres y E. Régis escribieron: "La diferencia entre la idea fija y la obsesión reside, sobre todo, en el hecho de que la idea fija del trabajador absorbido es querida, al menos en su origen, y en nada rompe con su intervención la unidad psíquica del individuo; mientras que la idea fija de la obsesión es involuntaria, automática y discordante con el curso regular del pensamiento".

El científico dedica su vida a encontrar respuestas a varios interrogantes; en caso de no poder hacerlo, no habrá alcanzado la tranquilidad espiritual esperada. Claude Bernard escribió: "El método experimental se apoya sucesivamente en el sentimiento, la razón y la experiencia". "El sentimiento engendra la idea o hipótesis experimental, es decir, la interpretación anticipada de los fenómenos de la naturaleza. Toda la iniciativa experimental reside en la idea, porque ella es la que provoca la experiencia. La razón o el razonamiento sólo sirven para deducir las consecuencias de esa idea y someterlas a la experiencia. Una idea anticipada o hipótesis es, pues, el punto de partida de todo razonamiento experimental" (Citas del "Diccionario del Lenguaje Filosófico" de Paul Foulquié-Editorial Labor SA-Barcelona 1967).

En el caso de la religión, es la idea de la divinidad la que promueve la total dedicación del creyente hacia la realización de una obra supuestamente exigida u ordenada por Dios. Tanto Pablo de Tarso, como Constantino, San Francisco de Asís, Juana de Arco, y tantos otros personajes influyentes en el curso de la historia, actúan a partir de haber escuchado mensajes interpretados como provenientes de la divinidad. En realidad, como dijo Thomas Hobbes, "no es lo mismo decir que Dios nos habla en sueños a soñar con que Dios nos habla". Mientras los científicos aducen que "la suerte le sonríe a las mentes preparadas", los "llamados de Dios" surgen en quienes piensan todo el tiempo en Él.

San Francisco de Asís, cuando era adolescente, lleva una vida de excesos y diversiones. Intenta luego ingresar en el ámbito de los nobles caballeros preparándose para integrar la masiva marcha de las Cruzadas, pero su debilitada salud, producida al ser tomado prisionero por un año luego de una contienda armada en las cercanías de su ciudad, le hace desistir de su proyecto. En cierto momento recibe el "llamado de Dios" (para que reconstruya la iglesia de San Damián) y cambia totalmente su vida. Donald Spoto escribió: "Al servir a los marginados del mundo, Francisco comenzó a elevarse hacia la auténtica nobleza que había buscado durante tanto tiempo y que no descubriría en las armas, en los títulos, en batallas, en la gloria ni en contiendas. No hallaría el honor relacionándose con los más fuertes, atractivos y elegantes ni con las personas mejor protegidas de la sociedad, sino con los más débiles, los más desfigurados, los marginados, desvalidos y despreciados".

"Por lo visto, el joven de Asís había padecido inútilmente en la prisión, ya que la enfermedad que contrajo entonces lo dejó temporalmente apático y deprimido, sin nada que aliviase su sensación de futilidad. Su posterior aventura en busca de la gloria caballeresca había resultado infructuosa. Pero ahora, entre los débiles e indefensos, Francisco comprendió que la aspiración a la gloria no conducía a la felicidad, y que ni los placeres ni una buena reputación eran capaces de proporcionarle felicidad" (De "Francisco de Asís"-Javier Vergara Editor-Barcelona 2004).

Debido a la necesaria e imprescindible adopción de un sentido de la vida, en todas las épocas surgen embaucadores que aprovechan tal necesidad para promover sus "soluciones orientadoras". Los totalitarismos son el ejemplo elocuente de ofertas de un sentido de la vida que le permitiría, al individuo mediocre, llegar a ser un personaje importante sin tener la necesidad de mejorar éticamente en lo más mínimo. Grete de Francesco escribió: "Para los charlatanes resultaba favorable que los individuos predispuestos a la credulidad se multiplicasen, que los grupos de adherentes crecieran hasta alcanzar proporciones masivas y garantizaran así un espectro cada vez más amplio para sus triunfos".

"Y eso fue, en efecto, lo que ocurrió a medida que la ciencia fue popularizándose, a partir del Renacimiento. Con el enorme aumento de los conocimientos, y su difusión gracias a la imprenta, en la edad moderna, la masa de individuos semianalfabetos y ansiosamente crédulos, fácil presa de los charlatanes, aumentó también y se convirtió en mayoría. Los deseos, opiniones, preferencias y rechazos de esa gente pasaron a ser la base de un poder muy concreto. Por lo tanto, el imperio del charlatán fue ampliándose junto con la moderna difusión del conocimiento. Ya que operaba sobre la base de la ciencia, por mucho que la deformara, pues producía oro con técnicas tomadas de la química y bálsamos milagrosos con recursos de la medicina, el charlatán no podía dirigirse a un público por entero ignorante".

"Los analfabetos se protegían de sus disparates, mediante un sano sentido común. El público predilecto del charlatán estaba conformado por los semianalfabetos, aquellos que habían cambiado el sentido común por un poco de información distorsionada y habían tomado contacto con la ciencia y la educación en algún momento, aunque muy brevemente y sin éxito" (Citado en "Las 48 leyes del poder" de R. Greene y J. Elffers-Editorial Atlántida-Buenos Aires 1999).

Si alguna vez la humanidad ha de marchar unida hacia una meta común, como lo es nuestra adaptación al orden natural y posterior supervivencia, requeriremos de una previa alfabetización científica por la cual hemos de elevar nuestro punto de vista hasta poder adoptar la visión del científico, ligada en forma permanente a la ley natural que nos presiona a respetar sus reglas; principalmente aquellas leyes que nos exigen adoptar una predisposición a la cooperación social.

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